martes, 7 de marzo de 2017

Errante

Antes era dueña de sus palabras.  Escribía lo que pensaba y sentía.  Andaba por ahí coleccionando
vivencias para capturarlas con su pluma más tarde. Lo contaba y era feliz.  No le importaba quien le leyera, escribía para ella y para nadie más.  Entonces comenzaron a leerla y ella lo descubrió.  Se sintió profundamente halagada.  

De pronto, se vio cuidando las formas, ocultando sus pensamientos de los demás, cuidando  todo de aquellos que le leían, hasta que se sintió vacía y la escritura le abandonó.

Hoy vaga por ahí y a veces le alcanza una que otra vivencia, pero como las letras ya no le pertenecen, las mira de lado y recuerda cuando las palabras eran suyas y le acariciaban.

martes, 28 de febrero de 2017

Horizonte

Se encontraron una vez por casualidad.   Ahí donde se encuentran los vientos.  Apenas se miraron y fueron atraídos por un extraño y poderoso magnetismo.

Paseaban en el límite del horizonte riendo, siendo felices como ninguno lo había imaginado, en ese lugar de existencia imposible que parecía en instantes tan real y tangible.

Se sentaban al filo del horizonte a contemplar la partida del sol, mientras jalaban la luna y acomodaban una a una las estrellas.
Ella jugaba con sus constelaciones, las unía con sus dedos y sonreía.  Él la miraba y suspiraba. Se arrullaba con su risa.

Pasó el Tiempo relativo que bien vuelve los años minutos y los segundos, años y sin que ellos se dieran cuenta, se robó todo el azul de sus días, toda la luz y sus estrellas.

Así anduvieron en ese espacio utópico, viviendo de sueños e ilusiones, hasta que el Tiempo, acompañado de Realidad, juzgaron como afrenta el robo de sus atributos. ¿Quiénes creían que eran para tomar el tiempo que nos les pertenecía? ¿Qué les hacía pensar que podían crear una realidad ajena a ésta?

Fue entonces que se quejaron al Cielo.  Él los oyó pacientemente.  Sabía que sus quejas eran certeras, sabía de lo que hablaban.  Había hecho la vista a un lado cuando se sentaron a la orilla del horizonte; cuando jugaban con sus astros cual niños inocentes.
La verdad era que Cielo se encariñaba fácilmente con los enamorados.  Tenía debilidad por los soñadores.

Sin embargo, debía actuar retribuyendo el daño a Tiempo y Realidad, así que después de pensarlo un poco, decidió el castigo a otorgar: "los desvaneceré y vagarán sin fin por la inmensidad"
Los acusadores se fueron conformes al escuchar la sentencia.  Cielo tomó a los acusados convirtiéndolos  en aliento.  Los transformó en nubes viajeras.

Desde entonces, vagan por el cielo tomados de la mano, mientras el viento juega con ellos y les acaricia.  Corren de un lado a otro persiguiendo felices el horizonte, unidos para siempre, mientras Cielo les contempla sonriendo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Silencio

Rescátame del silencio.  Si me ves callada o ausente; rómpelo, termínalo.  El silencio no es mi mejor amigo.  Me acompaña con frecuencia.  Se sienta en mi hombro y comienza a hurgar en mi mente.  Escarba y escarba, mueve por aquí y por allá y se sienta cual Nerón a ver como arde Roma.

El silencio y mi mente juegan a crear historias.  Son como dos exploradores frente a una fogata creando cuentos de miedo para asustar a los demás, lográndolo a la perfección.
La niña de mi cabeza se sienta en un rincón, se abraza de las rodillas y ruega por que salga pronto el sol.  Escucha atenta la llegada de la aurora, buscando oír el trino de las aves celebrando el nuevo amanecer.

El día llega con tu voz que desarma el miedo.  Esa voz que separa la mente del silencio y la distrae.  Entonces ella se da cuenta de todo.  Te escucha y te mira.  Se acuerda que a veces es feliz.

Ven, rescátame del silencio, rómpelo, desgárralo, termínalo.  Ayúdame a engañar a mi mente. Ayúdame a hacerle creer que aún es de día.