martes, 15 de agosto de 2017

Recordándote.

Hay días en los que te extraño más.  En los que quisiera andar de nuevo en aquellos pasos.  En esos pasos de niña, en la luz de mi infancia.

Quisiera recorrer esas calles que antes no eran tan estrechas, bajo la sombra de los árboles que me parecían tan inmensos.

Oír el ruido de los autos de camino al mercado, llegar a esa casa y poner mi pequeña cesta llena de fruta fresca en la mesa  y jugar a ser como tú.

Hay días en los que me siento mirando al cielo y pienso en contarte todo lo que me pasa, en los que daría todo por un par de horas para conversar sobre lo que ha sido la vida desde que tú partiste.  Y días en los que solo falta verte para estar  segura de que a veces te paseas por aquí y te ríes de las cosas que hago.

Días en lo que me encantaría que la vieras.  Que la miraras correr y te dieras cuenta de lo mucho que se parece a ti, tanto que a veces creo que has mandado un pedacito tuyo en ella.

Si, hay días en los que te extraño más, en los que los colores y los aromas me llevan a tus recuerdos, en los que casi puedo escucharte canturreando chan, chararan chararan chararan, mientras me tomabas con tus manos de abuela y me bailabas, días en los que anhelo profundamente que pudieras cantarle a ella.

Si, hoy es un día de ésos.

lunes, 17 de julio de 2017

Domingo

Domingo por la mañana.   El sol apenas sale y oigo tus pequeños pies correr traviesamente antes de que caigas sorpresivamente en nuestra cama.  Tu risa ilumina el nuevo día y hace que abramos los ojos definitivamente.

Tu pijama de flores, tus piesitos descalzos y tu cabello largo en libertad.  Los domingos por la mañana eres toda felicidad, toda juegos, toda risas, toda tú.
Juntos en la cama, gozamos ser familia.  Brincas sin piedad entre y sobre nosotros y en momentos te recuestas y platicas.   Tu voz cantarina armoniza la mañana, inventa cuentos, platica historias, pregunta cosas y nos hace felices.

Preguntas a dónde iremos mientras invades la sala de juguetes.  Tomas tu espada y tu caballo y decides que aún queda tiempo de cazar uno o dos dragones antes del vestido y los moños.

Parte de mi quisiera que no crecieras. Que diario fueras guerrera, cocinera, mecánica o constructora.  Que cayeras de golpe sobre mi cama a jugar a las cosquillas, que pudiéramos reír y leer cuentos cada noche.  Que siempre cupieras en mi regazo.

Pero sé que el tiempo no se detiene, que seguirás creciendo sin remedio, así que me quedo con cada domingo por la mañana, me guardo por siempre tus risas cotidianas.

miércoles, 5 de julio de 2017

Madrugada

Abro mis ojos, que lentamente se acostumbran a la oscuridad.  Aún no amanece, no es tiempo todavía.
Los sonidos  monótonos de una habitación en horas del sueño me acompañan y entre todos, me cautiva tu respiración.  Esa evidencia de que estás a mi lado.

Te miro.  Cada uno de tus rasgos.   Tus ojos cerrados, tu pecho que asciende y desciende  con ritmo.  Tus labios entreabiertos guardando un beso pendiente.  Quiero tomarlo pero temo despertarte.
Veo tus brazos y pienso en cobijarme en ellos, pero descansas tan tranquilo que no me atrevo a tocarte.  Al menos no con las manos, aunque mis ojos y mi alma te recorren incesantemente.

Intento dormir.  El día aún tarda en llegar.  Hay tantos planes para esa mañana que no termina de llegar.
Cierro los ojos y comienzo a sentir como va cayendo el sueño y de pronto, dormida me acerco a ti.
Me sientes y despiertas.  Me rodeas con tus brazos y me acercas más a ti y me vuelves a amar.  El día nos alcanza, el sol travieso se cuela por las cortinas y nos saluda.
Hoy es un nuevo día.  Tomo ese beso pendiente y por mientras te dejo un "buenos días" en su lugar.

viernes, 30 de junio de 2017

Encuentros

Ella está sentada en un café.  Saca su libro y pretende leer aunque su corazón está a punto de salir corriendo de su pecho.
Cada vez que cambia la página, mira esa puerta esperando verle salir.
Cientos de viajeros salen y son recibidos con sonrisas, largos abrazos y besos.  Ella guarda unos para él.

Mira el reloj nerviosa y espera.   Nunca le han parecido tan largos los minutos ni tan chocante la espera.  Cree mirar su rostro y su andar en cada persona que avanza entre el gentío.  Decide guardar el libro.  No sabe lo que le dice, no puede pasar de la misma línea, solo puede leer el reloj y los crueles minutos que no pasan.

De pronto, ya desesperada de mirar cada instante y un tanto distraída, voltea casi sin mirar.  Y entonces sucede.  Pasa caminando rápidamente con sus ojos ávidos de verla.  Tanto deseaba encontrarla que pasó sin verla, tanto lo esperaba que lo perdió de vista en el instante en el que guardaba el libro.

Pero el amor no se deja engañar por las trampas del destino.  Ella lo sintió llegar y él se detuvo a buscarla. Ella corrió a su encuentro y lo rodeó con sus brazos.  Lo llenó de besos guardados, acumulados por horas, por días y meses.  Él la tomó de la mano para no soltarla ya.  Se fueron caminando,  adueñándose del lugar, de los días, de las horas.  Corrieron juntos a robarle tiempo a la vida.

viernes, 23 de junio de 2017

Sueños

Soñó que él venía y se recostaba en su valle, que aspiraba el aroma de la tierra, de su tierra, que rogaba a diario para que viniera y derramara su lluvia.
Contemplaban el cielo infinito, dibujando y jugando con las nubes mientras el atardecer estallaba en rojos, rosas, naranjas, amarillos y violetas.

Si. Soñó toda la noche que llegaba y le cubría de estrellas el cuerpo entero. Que compartía cada una de sus constelaciones; que se hacía suyo y le tomaba para sí.
Que juntos se volvían luz, viento, sal. Y que al fundirse, sus risas, sus voces se volvían una sola, que sus ojos contemplaban el mismo universo y su piel sentía el mismo calor.

Soñó que le daba una estrella para que anidara en ella y la llenara de luz y polvo estelar. Soñó que estaba por siempre dentro de ella.

Entonces sonó el despertador y un nuevo día comenzaba.  El sol entraba por la ventana y los pájaros trinaban como todos los días.
Lentamente abrió los ojos, solo para sentir como por ellos se escapaba su estrella.

Aún así, supo que el día no podía robarle su presencia pues la vida misma estaba llena de ella.
Que él en realidad, no venía por las noches, sino que de hecho siempre habitaba ahí, dentro de ella.

jueves, 18 de mayo de 2017

Inicio

Se paró en el umbral y contempló esa casa vacía. Cuantas cosas habían escuchado esas paredes. Cuantas cosas habían presenciado en silencio como testigos mudos de una vida completa.

Qué distinta era la luz ese día, no iluminaba como  en el primero. Sentía un poco de alivio y nostalgia a la vez.  Soltar algo no siempre es fácil, se dijo,

Había llegado a ese punto, al fin sabía lo que quería.  Dejó las llaves sobre la mesa y tomó su equipaje esperando que aún  no fuera muy tarde para alcanzar sus sueños.

lunes, 17 de abril de 2017

Diversidad

El amor viene en diferentes presentaciones.
Si, así como suena de trillado. Resulta que este tipo sabe disfrazarse bien.  Tan atrevido, tan temerario, tan necio a veces, suele jugarse todo sin conocer o siquiera vislumbrar una parte del resultado a obtener. Y entonces se va tras de unos ojos o una sonrisa que le resultan irresistibles y se la juega a un volado: cara, dicha y felicidad;  Cruz, andar penando por calles oscuras.

Otras veces, juega a lo seguro. Decide que esa vez caminará sobre suelo firme, que no arriesgará y apuesta a lo que ya sabe que le hará ganar.  Se disfraza de amor de madre.  Y reposa en la mirada de tantas que ven a sus pequeños dormir el sueño de los benditos, sintiéndose cobijados por el alma de aquella que los acunó y protegió desde que llegaron a este mundo.

Sin embargo, es más complejo aún.

El amor viene en diferentes presentaciones, cada vez estoy más segura de ello.
La pareja que vive y respira tomada de la mano.  La pareja que se ama profundamente en libertad, la que se ama en silencio, la que se ama sin que nadie más se de cuenta. Los que se aman en secreto, los que escandalizan al mundo con su amor y se aman más que muchos. Los que aman como si cada día fuera el último.

Los padres que aman a morir. Los niños que aman a sus padres y adoran a los abuelos junto con los días soleados, el verano, el recreo, los perros, las tortugas y la vida misma.
Los abuelos que aman a los hijos y adoran a los nietos.

Aquellos que aman al saber y el conocimiento.  Los misericordiosos llenos de gracia que aman a los que más necesitan ser amados. Los que se aman a sí mismos, para bien o para mal.
Los que aman a las cosas más que a las personas. Los que aman a Dios.  Dios que los ama a todos.

Tú y yo que nos amamos de esa manera única e irrepetible.  Cada tú y cada yo que existe.

Lo dicho, el amor viene en diferentes presentaciones...

jueves, 30 de marzo de 2017

Lugar feliz


Sentada en ese nuevo lugar al que tus pasos me llevaron, no puedo sino pensar en las vueltas que la vida, el destino o el tiempo dan y hacia donde nos conducen.
Miro a mi alrededor y de pronto no parece real.  Apenas la noche anterior me deshacía en suspiros mirando la luz de la calle y escuchando los ladridos lejanos de los perros y uno que otro auto extraviado en la madrugada y sin embargo hoy estoy aquí.  Me pongo de pie y comienzo a recorrer ese espacio feliz que guarda tantas risas y miles de palabras.

Mis pies se posan en tus huellas y cierro los ojos para sentir los rayos del sol que caen sobre mis hombros semejando tus brazos rodeándome.  ¿En verdad es necesario que los abra? ¿Puedo quedarme un rato más así, sintiéndote?
La brisa matutina desordenando mi cabello y el olor del césped húmedo me traen de regreso. Sonrío tonta y nerviosamente al notar que los caminantes cotidianos me miran extrañados.  "Lo se, si fuera usted pensaría lo mismo" escucho a mi mente decir.

Una pequeña risa tonta y nerviosa se me escapa. Vuelvo a sentarme y juego a imaginarte ahí sentado como tantas veces lo estuviste. No puedo determinar si te fundiste aquí  o este sitio habita dentro de ti, solo sé que te siento,  que tu presencia inunda este lugar y que me siento feliz de haber venido.

Cierro mis ojos para confirmar que he guardado cada pedacito en mi memoria mientras te envío un te amo en un suspiro que se lleva el viento.  Los abro y nuevamente se dibuja una sonrisa en mi rostro mientras me despido: Hasta la próxima, algún día volveré...

martes, 7 de marzo de 2017

Errante

Antes era dueña de sus palabras.  Escribía lo que pensaba y sentía.  Andaba por ahí coleccionando
vivencias para capturarlas con su pluma más tarde. Lo contaba y era feliz.  No le importaba quien le leyera, escribía para ella y para nadie más.  Entonces comenzaron a leerla y ella lo descubrió.  Se sintió profundamente halagada.  

De pronto, se vio cuidando las formas, ocultando sus pensamientos de los demás, cuidando  todo de aquellos que le leían, hasta que se sintió vacía y la escritura le abandonó.

Hoy vaga por ahí y a veces le alcanza una que otra vivencia, pero como las letras ya no le pertenecen, las mira de lado y recuerda cuando las palabras eran suyas y le acariciaban.

martes, 28 de febrero de 2017

Horizonte

Se encontraron una vez por casualidad.   Ahí donde se encuentran los vientos.  Apenas se miraron y fueron atraídos por un extraño y poderoso magnetismo.

Paseaban en el límite del horizonte riendo, siendo felices como ninguno lo había imaginado, en ese lugar de existencia imposible que parecía en instantes tan real y tangible.

Se sentaban al filo del horizonte a contemplar la partida del sol, mientras jalaban la luna y acomodaban una a una las estrellas.
Ella jugaba con sus constelaciones, las unía con sus dedos y sonreía.  Él la miraba y suspiraba. Se arrullaba con su risa.

Pasó el Tiempo relativo que bien vuelve los años minutos y los segundos, años y sin que ellos se dieran cuenta, se robó todo el azul de sus días, toda la luz y sus estrellas.

Así anduvieron en ese espacio utópico, viviendo de sueños e ilusiones, hasta que el Tiempo, acompañado de Realidad, juzgaron como afrenta el robo de sus atributos. ¿Quiénes creían que eran para tomar el tiempo que nos les pertenecía? ¿Qué les hacía pensar que podían crear una realidad ajena a ésta?

Fue entonces que se quejaron al Cielo.  Él los oyó pacientemente.  Sabía que sus quejas eran certeras, sabía de lo que hablaban.  Había hecho la vista a un lado cuando se sentaron a la orilla del horizonte; cuando jugaban con sus astros cual niños inocentes.
La verdad era que Cielo se encariñaba fácilmente con los enamorados.  Tenía debilidad por los soñadores.

Sin embargo, debía actuar retribuyendo el daño a Tiempo y Realidad, así que después de pensarlo un poco, decidió el castigo a otorgar: "los desvaneceré y vagarán sin fin por la inmensidad"
Los acusadores se fueron conformes al escuchar la sentencia.  Cielo tomó a los acusados convirtiéndolos  en aliento.  Los transformó en nubes viajeras.

Desde entonces, vagan por el cielo tomados de la mano, mientras el viento juega con ellos y les acaricia.  Corren de un lado a otro persiguiendo felices el horizonte, unidos para siempre, mientras Cielo les contempla sonriendo.

lunes, 27 de febrero de 2017

Silencio

Rescátame del silencio.  Si me ves callada o ausente; rómpelo, termínalo.  El silencio no es mi mejor amigo.  Me acompaña con frecuencia.  Se sienta en mi hombro y comienza a hurgar en mi mente.  Escarba y escarba, mueve por aquí y por allá y se sienta cual Nerón a ver como arde Roma.

El silencio y mi mente juegan a crear historias.  Son como dos exploradores frente a una fogata creando cuentos de miedo para asustar a los demás, lográndolo a la perfección.
La niña de mi cabeza se sienta en un rincón, se abraza de las rodillas y ruega por que salga pronto el sol.  Escucha atenta la llegada de la aurora, buscando oír el trino de las aves celebrando el nuevo amanecer.

El día llega con tu voz que desarma el miedo.  Esa voz que separa la mente del silencio y la distrae.  Entonces ella se da cuenta de todo.  Te escucha y te mira.  Se acuerda que a veces es feliz.

Ven, rescátame del silencio, rómpelo, desgárralo, termínalo.  Ayúdame a engañar a mi mente. Ayúdame a hacerle creer que aún es de día.

miércoles, 22 de febrero de 2017

Herencia


Margarita está linda la mar, 
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento...

Ahí estaba de pie. Con el libro de poesías del abuelo en la mano leyendo mi poema.   Leía unos cuantos versos y me miraba.  Yo sentía que no existía nadie más. Y después cerraba mis ojos imaginando ese palacio de diamantes, la tienda hecha del día, el rebaño de elefantes, el quiosco de malaquita, el manto de tisú y por supuesto esa gentil princesita tan bonita, tan bonita como yo.

Recuerdo incluso cuando leí un fragmento del poema en un libro de texto, que sentí como si hubieran tomado algo mío sin permiso.  Nunca antes lo había leído impreso, siempre del libro de mi abuelo, transcrito a mano con su pluma y tintero con una perfecta caligrafía.  Recuerdo también haber pensado: "Pero yo me la se completa, desde hace mucho..."

La poesía me ha acompañado durante toda mi vida.  Pero Rubén Darío sería el primer poeta que conocería en la voz de mi padre. Y tantas veces la escucharía hasta quedar grabada en mi memoria.  Después elegiría mis poetas, mis poemas, sin embargo, ése sería el primero, el más querido, el más especial.

Pero esta noche te tengo en mi regazo.  Pides tu cuento de todas las noches pero caes de sueño.  Decido no leerte.  Tan solo te digo: "Hoy te contaré algo, algo que me contaba tu abuelo cuando era niña...". Y comienzo.  Y conforme avanzo, voy regalándote un trozo de mi infancia, y dejo de ser la princesa y comienzas a ser tú.  Acaricio tu nariz mientras empiezas a quedarte dormida y mi garganta se va cerrando mientras lágrimas llenas de recuerdo y nostalgia se asoman a mis ojos. 

Miro tu sonrisa mientras repites "elefantes" casi en sueños.  Te amo tanto. Me sorprende cuántas memorias felices guardan esos versos.  Hoy ha venido tu abuelo a contarte un cuento.  Ésta es mi herencia, te doy mi poema.  Te lo doy para que lo sueñes, te lo doy para que lo aprendas, te lo doy para que algún día cuando lo escuches o lo leas, tengas un feliz pensamiento para aquella que un día quiso contarte un cuento...

martes, 14 de febrero de 2017

La fotografía que nadie ve.


Las fotografías, sin duda, permanecen como el testimonio de que algo fue real, que existió.  Como una ayuda mnemotécnica que evoca una historia completa, así cuando las mostramos, nos escuchamos decir: “y aquí estamos en tal lugar.  Recuerdo que ese día…” y comienza la historia a ser narrada.   Resulta sorprendente cómo cabe tanta vida en un pequeño cuadro inmóvil.   Lugares enteros, seres complejos, historias prolongadas, todo se encuentra ahí, listo para ser contado, para ser revivido.

Sin embargo, existen también otro tipo de fotografías, que  a pesar de llevar contenidas historias, personas y lugares, suelen llevar una carga en sí.  Son aquellas fotografías que nadie ve. Puede que sea porque pertenecen solo a alguien y no pueden o quieren ser compartidas, o porque fueron aquellas que debieron ser tomadas y nunca lo fueron, siendo su existencia perteneciente a los campos de la memoria.

Entonces en esos momentos de quietud, donde mi la mente se recrea paseando en sus propios senderos, pienso en esas fotografías, en esas memorias icónicas que nadie ve y viene una en particular.
La miro, nos miro.  Abrazados, sentados en una banca de parque sonriendo.  Sonriendo al grado de casi estallar en luz, siendo felices de estar por fin juntos.   El césped y los árboles de un  verde brillante de fondo, la luz del sol iluminando nuestros rostros.

Todo comenzó con un saludo, un café en una tarde lluviosa, una mandala en la madrugada, un puñado de historias compartidas y poco a poco, las cosas nos llevaron ahí, a encontrarnos  en ese lugar.  Nos miramos apenas y de pronto lo supimos todo.  Nos abrazamos con nervios, no estábamos seguros de lo que pasaría, solo sabíamos que ese tiempo y ese lugar sería nuestro, siempre nuestro.

La miro de nuevo ¡Qué sonrisas más grandes!, cuánta luz.  Colores tan brillantes.  La felicidad plasmada en una imagen.
Éramos unos extraños conocidos hasta esos días.   Y sin embargo parecía como si nos conociéramos de toda la vida.  Como si nos hubiéramos encontrado después de habernos estado buscando por largo tiempo.

Días llenos de primeras veces pero hablando como viejos amigos, todo tan maravilloso, tan nuevo y a la vez tan cotidiano.

Anduvimos por calles que mis pies redescubrían, corriendo  y riéndonos como niños.  Paseamos tomados de la mano, mirándonos en silencio y diciéndonos todo del alma.  Compartiendo suspiros, contándonos nuestra historia y escribiendo capítulos nuevos.

Recuerdo sentarnos en una banca bajo los árboles a descansar.  Me recargué en tu pecho mientras tu voz me acariciaba.  Hablabas de lo bonito que era el lugar.  Escuchábamos los pájaros a lo lejos, mientras decías que parecía un sueño, un sueño  casi imposible cumplirse.

Me arrullaba el latido de tu corazón, mientras sentía el calor de tu abrazo.  Por un instante imaginé que ese momento podría ser la realidad y no un paralelo en nuestra vidas, no tiempo robado, tiempo nuestro. 

¿Te imaginas una foto así? pregunté. ¿Un recuerdo que pudiéramos llevar con nosotros por siempre? Tú sonreíste y juntos miramos al horizonte, pensando en silencio, deseando que fuera verdad y no solo un sueño.

(... Te amo)

Meditando

En esta noche de insomnio pienso en ti y en lo que siento. Surge una idea en mi mente,  me detengo y saboreo la pregunta.  ¿Por qué te amo?

Te amo porque siempre te he admirado.   Porque para mi no hay nadie más inteligente, más ingenioso, más culto, más brillante que tú.

Porque tus palabras llenaban mi cabeza y acariciaban mi oído durante tantas y tantas horas después de que nos despedíamos y aún lo hacen.
Porque tus manos semejan alas que vuelan para hacer mil cosas, porque parece haber magia en ellas para transformar cualquier cosa en algo sorprendente.

Te amo, porque hasta este punto en la senda de mi vida, no he conocido a nadie más íntegro, porque has vivido conforme a tus ideas y a tus creencias a pesar del costo que tengan.

Porque el entusiasmo que das a tu labor y al aprendizaje me ha sorprendido cada día.   Porque todos los días me enseñas algo, porque cada vez soy mejor gracias a ti.

Te amo por ese brillo en tus ojos cuando me miras, por tu sonrisa de lado, por el cobijo que tu voz me da, por el refugio de tus brazos.

Te amo porque conoces mi alma.   Porque puedes ver los abismos de mi ser y aún me sonríes, porque se que puedo desnudar mi corazón  y mi mente bajo tu resguardo.

Te amo porque  hay veces que no es necesaria ni una palabra para que te escuche, porque a veces te siento con el alma.

Te amo por la persona que soy contigo, y por la que piensas que soy, también por ésa te amo.

Te amo porque creo que me fue dado amarte por el universo, porque el destino nació para que estuviéramos juntos en él.

Te amo porque me sentí renacer en el momento en que te conocí y te amé.

miércoles, 11 de enero de 2017

Mariposa

Ella no le conocía.  Solo la vio en un principio volar coquetamente y llenar de destellos el cielo al atardecer.  Un día le miró con admiración jugueteando entre las flores contenta.  Jamás hubiera imaginado lo profundo de sus heridas.

Siempre la había visto volando en lo alto, acariciada por los rayos del sol, nunca tan de cerca.  Pero estaba ahí y sin temor se había aproximado.  Entonces le vio.  Era tan bella, tan llena de matices.  Ahora que podía contemplar sus alas extendidas lo notaba más.   De pronto se dio cuenta.  Una de sus alas estaba rota.   Quiso tomarla en sus manos, acunarla, protegerla mientras sus heridas sanaban, pero temió que sus manos fueran demasiado duras, demasiado torpes para cuidarla.  Temió hacerle más daño al tocarla para guarecerla, que sintiera que pudiera robarle su libertad sin saber que ella solo quería darle un refugio de paz para que reposara.

Se quedó mirándola deseando que comprendiera sus pensamientos, que sintiera la paz que le ofrecía.  Se sentó en la hierba brindando su mano, extendiéndola tímidamente, para cuando ella se sintiera lista para volar hacia la calma que le ofrecía.

miércoles, 4 de enero de 2017

Nacimiento

Estoy parada frente al espejo.  Me miro y me preparo para ese momento.  Hace tiempo que llegaste a mi vida y quiero celebrarlo.  Quiero llevarte en mi,  quiero tenerte en mi cuerpo.
Cosa extraña es la maternidad que incluso no llega a todos los vientres, a veces por destino, a veces por decisión y a veces porque la vida te guarda para ser atada del corazón, no lo sé,  solo estoy segura de algo: quiero llevarte conmigo, quiero sentirte siempre.

Veo la imagen y me parece perfecta.  Es tan juguetona, tan libre, tan soñadora, tan tú.  Me recuesto y me preparo para grabarte en mi  piel.
Viene el inicio, un poco de dolor, pero ser madre duele un poco.  En ocasiones, los anhelos del corazón duelen al llegar al mundo.

De pronto siento como naces, como te formas en mi y me conmueve profundamente.  Pienso: este es mi parto. Naces en mi, de mi.  Las lágrimas inundan mis ojos.  Mi corazón se llena de una dicha cálida que se expande por todo el cuerpo. Ha terminado.  Te miro.  Eres tan bella, flotas en libertad pero siempre mirando a casa, a mi corazón.  Una sonrisa se dibuja en mi rostro, mientras te llevo por siempre conmigo.