Y aunque hacemos ese chiste, la mayoría te dirá que haber sido madre, fue el mayor regalo que la vida les ha dado y aunque maternar tiene un significado tan variopinto para las mujeres, el amor sigue siendo el común denominador.
Hace unos días, una noticia cimbró al país completo. Una omisión de cuidados terrible acabó con la vida de un pequeño y mientras pensaba en ello y en que no todas las mujeres deberían de ser madres, pienso en todas aquellas que han sacrificado tanto para serlo. Las que se han quedado sin comer por dejar que sus hijos tengan el único bocadillo que hay sobre la mesa, en las que se velan toda la noche por un niño enfermo, en las que abandonan sus sueños por cuidar de un ser humano al que aman intensamente, sin saber cómo ni de dónde, incluso aquellas que comprenden la maternidad hasta que tienen a ese bebé en los brazos.
Y estás tú. La que me dio la vida a mí. Puedes parecer común a la vista de cualquiera, pero no para mis ojos. Todo lo que sé sobre ser madre, ha sido gracias a ti. Mis mejores recuerdos, el amor más profundo y más hermoso lo he conocido a través tuyo. Y cuando pienso que no puedes sorprenderme más, lo haces.
Admiro tu entrega, tu forma de amar y sobre todo, tu fortaleza. Si fueras un árbol, serías un roble. Fuerte y majestuoso, generoso hogar, frondoso y magnífico. Siempre refugio. No dejo de sorprenderme con tu vida.
Cuando pienso en las cosas que has vivido y como te has levantado de cada una de ellas, suena más en mi cabeza esa frase: La maternidad no acaricia. No, no lo hace. Es intensa, es vibrante, es dolorosa, es cansada y a la vez, maravillosa.
Gracias por ser un ejemplo, por ponerme la vara tan alta, por ser la medida de todas la cosas que tienen que ver con ser madre y ser mujer. Porque lo poco o mucho que logro con ella, es gracias a ti. Porque cada vez que la veo dormida, te imagino a ti mirándome y velando mi sueño. Porque mientras la miro crecer, pienso en ti y en todo lo que hiciste para que yo pudiera lograrlo.
Gracias por tus noches de desvelo, por las horas sentada ayudándome con la tarea, por tus consejos, por tus cuidados, por respetar y apoyar cada una de mis decisiones sean o no de tu agrado. Por amarme tanto. Por estar presente y a la vez por darme libertad para crecer y aprender. Gracias por ayudarme a ser quien soy.
Te amo con toda la fuerza de mi corazón y cada día doy gracias por tu vida, por haber sido creada en tu vientre, por tu presencia luminosa, que acompaña mi camino.
No solo por hoy, sino por siempre: Te amo, mamá.
