miércoles, 22 de abril de 2026

Hoy





Hoy amanecí pensando en ti, pero no en ti como siempre.  Pensaba en qué te diría, en qué haría si supiera que este sería mi último día a tu lado.

Gracias,  sería la primer palabra.  Gracias por tanto amor, por los días de luz, por la dicha de un amanecer a tu lado.  Por todas las risas, por los momentos incómodos también. Por estar cuando te necesito.
Si éste fuera nuestro último día, te diría que cada instante, bueno o malo, me hizo crecer,  me hizo aprender y te agradecería por ello.
Y también te daría las gracias por enseñarme a verme con tus ojos.

Te amo sería la segunda cosa que te diría.  Entraste en mi universo a transformarlo, a llenarlo de luz, de amor, de calidez, de entrega.
No te buscaba, y sin temor a equivocarme, creo que tú tampoco a mí.
Simplemente aparecimos, nos invocamos, me escapé de algún cuaderno tuyo y tú, de un sueño que ni siquiera sabía que tenía.

Pensaba también en cómo solemos dar las cosas por sentado.  Fue hasta que temí perderte que me di cuenta de lo efímera que es la vida y de cuanto te quiero en ella. 
Entonces pensé en celebrar las  pequeñas cosas que son las que construyen la vida misma.  Un café, un beso, una risa, un helado en una banca del parque.  Así que una tercera cosa que te diría, sería justamente ésa: Celebra.  
Celebra cada cosa pequeña y cotidiana, porque son justamente ésas, las que recordamos de las personas que hemos amado.

Y después de imaginar escenarios (muchos catastróficos, sabes que es mi especialidad), volví a la realidad, sonreí feliz porque, precisamente, lo increíble de hoy es saber que no es el último día.  Que aún nos quedan muchas risas, muchos bailes en la cocina, mucho amor, muchas pláticas eternas.  Todavía cabe mi mano en la tuya, todavía nos quedan muchos amaneceres pendientes.