jueves, 30 de marzo de 2017

Lugar feliz


Sentada en ese nuevo lugar al que tus pasos me llevaron, no puedo sino pensar en las vueltas que la vida, el destino o el tiempo dan y hacia donde nos conducen.
Miro a mi alrededor y de pronto no parece real.  Apenas la noche anterior me deshacía en suspiros mirando la luz de la calle y escuchando los ladridos lejanos de los perros y uno que otro auto extraviado en la madrugada y sin embargo hoy estoy aquí.  Me pongo de pie y comienzo a recorrer ese espacio feliz que guarda tantas risas y miles de palabras.

Mis pies se posan en tus huellas y cierro los ojos para sentir los rayos del sol que caen sobre mis hombros semejando tus brazos rodeándome.  ¿En verdad es necesario que los abra? ¿Puedo quedarme un rato más así, sintiéndote?
La brisa matutina desordenando mi cabello y el olor del césped húmedo me traen de regreso. Sonrío tonta y nerviosamente al notar que los caminantes cotidianos me miran extrañados.  "Lo se, si fuera usted pensaría lo mismo" escucho a mi mente decir.

Una pequeña risa tonta y nerviosa se me escapa. Vuelvo a sentarme y juego a imaginarte ahí sentado como tantas veces lo estuviste. No puedo determinar si te fundiste aquí  o este sitio habita dentro de ti, solo sé que te siento,  que tu presencia inunda este lugar y que me siento feliz de haber venido.

Cierro mis ojos para confirmar que he guardado cada pedacito en mi memoria mientras te envío un te amo en un suspiro que se lleva el viento.  Los abro y nuevamente se dibuja una sonrisa en mi rostro mientras me despido: Hasta la próxima, algún día volveré...

martes, 7 de marzo de 2017

Errante

Antes era dueña de sus palabras.  Escribía lo que pensaba y sentía.  Andaba por ahí coleccionando
vivencias para capturarlas con su pluma más tarde. Lo contaba y era feliz.  No le importaba quien le leyera, escribía para ella y para nadie más.  Entonces comenzaron a leerla y ella lo descubrió.  Se sintió profundamente halagada.  

De pronto, se vio cuidando las formas, ocultando sus pensamientos de los demás, cuidando  todo de aquellos que le leían, hasta que se sintió vacía y la escritura le abandonó.

Hoy vaga por ahí y a veces le alcanza una que otra vivencia, pero como las letras ya no le pertenecen, las mira de lado y recuerda cuando las palabras eran suyas y le acariciaban.

martes, 28 de febrero de 2017

Horizonte

Se encontraron una vez por casualidad.   Ahí donde se encuentran los vientos.  Apenas se miraron y fueron atraídos por un extraño y poderoso magnetismo.

Paseaban en el límite del horizonte riendo, siendo felices como ninguno lo había imaginado, en ese lugar de existencia imposible que parecía en instantes tan real y tangible.

Se sentaban al filo del horizonte a contemplar la partida del sol, mientras jalaban la luna y acomodaban una a una las estrellas.
Ella jugaba con sus constelaciones, las unía con sus dedos y sonreía.  Él la miraba y suspiraba. Se arrullaba con su risa.

Pasó el Tiempo relativo que bien vuelve los años minutos y los segundos, años y sin que ellos se dieran cuenta, se robó todo el azul de sus días, toda la luz y sus estrellas.

Así anduvieron en ese espacio utópico, viviendo de sueños e ilusiones, hasta que el Tiempo, acompañado de Realidad, juzgaron como afrenta el robo de sus atributos. ¿Quiénes creían que eran para tomar el tiempo que nos les pertenecía? ¿Qué les hacía pensar que podían crear una realidad ajena a ésta?

Fue entonces que se quejaron al Cielo.  Él los oyó pacientemente.  Sabía que sus quejas eran certeras, sabía de lo que hablaban.  Había hecho la vista a un lado cuando se sentaron a la orilla del horizonte; cuando jugaban con sus astros cual niños inocentes.
La verdad era que Cielo se encariñaba fácilmente con los enamorados.  Tenía debilidad por los soñadores.

Sin embargo, debía actuar retribuyendo el daño a Tiempo y Realidad, así que después de pensarlo un poco, decidió el castigo a otorgar: "los desvaneceré y vagarán sin fin por la inmensidad"
Los acusadores se fueron conformes al escuchar la sentencia.  Cielo tomó a los acusados convirtiéndolos  en aliento.  Los transformó en nubes viajeras.

Desde entonces, vagan por el cielo tomados de la mano, mientras el viento juega con ellos y les acaricia.  Corren de un lado a otro persiguiendo felices el horizonte, unidos para siempre, mientras Cielo les contempla sonriendo.