La bella dama pasaba las horas sentada a la mesa frente a una taza de café. Algunas veces leía un libro invitando a algún poeta a acariciar su oído hablando de la luna o los enamorados.
Otras veces escuchaba a ojos cerrados los acordes melodiosos de una guitarra lamentando una partida.
La bella Nostalgia siempre sola, siempre triste, siempre recordando.
Y era justo ese dolor de recordar el que le otorgaba un secreto y delicioso placer.
Le gustaba recrear los sueños rotos, recordar las canciones de amor y desamor. Releer los poemas dedicados en el pasado. Vislumbrar con los ojos entrecerrados el rostro de quien había amado.
Siempre con la mirada acuosa y el labio a punto de temblar, Nostalgia vivía envuelta en sus recuerdos, disfrutando ese dulce dolor que cada uno de ellos provocaba, buscando eternizar de cierta manera a aquel que la había amado en un día quizás muy lejano.
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